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La compañía les da un poco de alegría

Puerto Rico Solidario
2 Mar 2010

El pasillo del cuarto piso del Hospital San Jorge estaba vacío, silencioso y frío a las 6:00 p. m. Las puertas de los cuartos de ese piso especializado en oncología pediátrica estaban cerradas. El silencio se interrumpió cuando las puertas del ascensor se abrieron a un grupo de personas sonrientes que vestían camisas amarillas. Se movían con la comodidad de quien conoce el lugar.

Abrieron mesas, destaparon bandejas de comida y desenvolvieron manteles. Uno preparaba su guitarra. Otros colocaban globos. Con la algarabía, poco a poco, algún padre se asomó desde la puerta del cuarto y otros se acercaron al comedor improvisado. “Aquí estamos”, dijo Elena Díaz, voluntaria de la Fundación Casa José, entidad que todos los meses lleva una cena casera a los niños cuyos tratamientos los mantiene hospitalizados durante largos periodos.
 
“Durante el día los papás están metidos en los cuartos y tienen mucha necesidad de amor y apoyo”, comentó Díaz esa mañana mientras cocinaba la lasaña que le cambió la noche a padres y niños. Destacó la fortaleza que nota en esos padres mientras cuidan a sus niños con cáncer. “Yo, por ejemplo, no sabría cómo enfrentar esta situación sola”, dijo.
 
Esta ama de casa dedica buena parte de sus días a solicitar fondos y coordinar actividades que ayuden a generarlos para la Fundación Casa José. Llama a potenciales colaboradores, coordina subastas de arte y una vez al mes cocina los manjares que llevarán al hospital. Como ella, otros miembros de la Fundación, entre ellos ingenieros, contables y arquitectos, sacan un espacio en sus agendas para planificar nuevos eventos, buscar voluntarios y organizar detalles de la cena mensual que preparan desde el 2003.
 
Para muchos de los padres, esa cena es la única casera que prueban durante las largas estadías de sus hijos en el hospital, según Lourdes Cintrón, directora de Trabajo Social del San Jorge. “Nos tratan como si fuéramos familia. Y en mi caso hace la diferencia porque yo no tengo familia en Puerto Rico y a veces aquí pasamos hambre”, dijo Cynthia Cortés, madre de una nena de 4 años que al momento de la cena llevaba una semana hospitalizada y tendría que pasar por lo menos un mes más.
 
El origen de Casa José se remonta a 1995 cuando un grupo de conocidos empezó a reunirse todos los miércoles en casa de Díaz para hacer un círculo de oración por José Miguel Hernández, diagnosticado de cáncer a los 14 años. Los médicos le pronosticaron a José Miguel semanas de vida. Él vivió seis años fortalecido por el grupo de amigos que respondió al pedido de consuelo que les hizo la madre de José, María Cristina Miranda. Tras la partida del joven, el grupo mantuvo la costumbre de reunirse cada miércoles. Eventualmente decidieron llevar apoyo a las familias que, como la de José Miguel, pasan días y noches de frío y angustia en el hospital.
 
“Yo no puedo quitar el cáncer o el dolor en su corazón, pero quizás la comida y la compañía les da un poco de alegría”, comentó Díaz. “Es que el dolor compartido es menos doloroso”. Esa parece ser la consigna que mueve a este grupo de voluntarios: en la adversidad, si se tiene compañía, “no se está tan asustado”. Ellos quisieran hacer más. “El cáncer no es un día y ya, la enfermedad se queda. Por eso el apoyo tiene que tener una continuidad en el diario vivir”, resumió Díaz. “Ojalá pudiéramos hacer esto todos los días, si tuviéramos más gente voluntaria y más apoyo económico”.

 

Viviana Torrers Mestey, El Nuevo Día